Reeducación sensitiva tras un daño cerebral: objetivos y estrategias de tratamiento

Después de un daño cerebral, algunas personas pueden experimentar cambios en la forma en la que perciben el tacto, la presión, la temperatura, el dolor...

Gemma González

  • Diplomada en Terapia ocupacional por CSEU La Salle.
  • Máster en Neurocontrol motor por la URJC.
  • Máster en Neuropsicología en educación por la UNIR.
  • Especializada en concepto Bobath, terapia acuática, estimulación basal, integración sensorial y Forced Use.

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Después de un daño cerebral, algunas personas pueden experimentar cambios en la forma en la que perciben el tacto, la presión, la temperatura, el dolor o la posición de determinadas partes del cuerpo. Estas alteraciones sensitivas pueden pasar más desapercibidas que otros síntomas, pero pueden influir de forma importante en la movilidad, el equilibrio y la realización de actividades cotidianas.

La reeducación sensitiva es una de las estrategias que pueden formar parte de un proceso de neurorrehabilitación, especialmente cuando existen dificultades para percibir, interpretar o utilizar correctamente la información procedente del cuerpo y del entorno.

El tratamiento debe adaptarse a las características de cada persona y al tipo de lesión neurológica. El objetivo no consiste únicamente en recuperar una sensación concreta, sino también en favorecer que la información sensorial pueda utilizarse de una manera funcional en el día a día.

¿Qué es la reeducación sensitiva?

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La reeducación sensitiva engloba diferentes técnicas y actividades dirigidas a mejorar la capacidad de una persona para percibir, reconocer e interpretar estímulos sensoriales después de una lesión neurológica.

Nuestro sistema nervioso recibe constantemente información procedente de la piel, los músculos, las articulaciones y otros receptores. Esta información permite, por ejemplo, saber si algo está caliente o frío, reconocer la textura de un objeto, identificar dónde se encuentra una parte del cuerpo sin necesidad de mirarla o adaptar la fuerza con la que agarramos un objeto.

Después de un daño cerebral, el procesamiento de esta información puede verse alterado. En consecuencia, una persona puede notar menos una parte del cuerpo, tener dificultades para identificar determinados estímulos o no percibir correctamente la posición de una extremidad.

La reeducación sensitiva busca estimular y entrenar estas capacidades dentro de un programa de rehabilitación individualizado. Para ello, el profesional valora primero qué funciones están afectadas y cómo repercuten en las actividades de la persona.

¿Qué alteraciones sensitivas pueden aparecer tras un daño cerebral?

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Las alteraciones dependen de la zona y extensión de la lesión y pueden presentarse de formas muy diferentes. Algunas personas pueden experimentar una disminución de la sensibilidad, mientras que otras pueden presentar sensaciones anormales o dificultades para interpretar determinados estímulos.

Alteraciones de la sensibilidad táctil

Puede existir una menor capacidad para detectar el contacto, la presión o diferentes tipos de estímulos sobre la piel. Por ejemplo, una persona puede no notar con la misma intensidad que antes el contacto de una superficie con una mano o una pierna.

Esto puede dificultar actividades aparentemente sencillas, como manipular objetos, vestirse o identificar si una parte del cuerpo está apoyada correctamente.

Cambios en la propiocepción

La propiocepción permite conocer la posición y el movimiento de las diferentes partes del cuerpo sin depender exclusivamente de la visión.

Cuando esta capacidad está alterada, una persona puede tener dificultades para saber dónde se encuentra una extremidad o para controlar determinados movimientos. Esto puede repercutir en la coordinación, el equilibrio y la movilidad.

Alteraciones de la sensibilidad térmica y dolorosa

También pueden aparecer cambios en la percepción de la temperatura o el dolor. En algunos casos, una persona puede notar menos determinados estímulos, mientras que en otros pueden aparecer sensaciones desagradables o exageradas ante estímulos que anteriormente resultaban normales.

Estas alteraciones requieren especial atención porque una disminución de la sensibilidad puede aumentar el riesgo de no detectar adecuadamente determinadas situaciones potencialmente lesivas.

Dificultades para reconocer objetos o estímulos

En determinados casos, el problema no está únicamente en detectar un estímulo, sino en interpretar correctamente la información que llega al cerebro.

Por ejemplo, una persona puede tener dificultades para reconocer un objeto mediante el tacto sin utilizar la vista. Este tipo de alteraciones pueden interferir en actividades funcionales y requieren una valoración neurológica y rehabilitadora adecuada.

¿Cuáles son sus objetivos?

Los objetivos dependen de las necesidades de cada paciente, pero la intervención puede orientarse a diferentes aspectos.

Uno de ellos es mejorar la capacidad para detectar estímulos, trabajando de forma progresiva diferentes tipos de contacto, presión o textura. También puede buscarse favorecer el reconocimiento e interpretación de la información sensorial, especialmente cuando la persona tiene dificultades para identificar estímulos mediante el tacto.

Otro objetivo importante es trabajar la propiocepción y la conciencia corporal, ayudando a que la persona utilice mejor la información procedente de músculos y articulaciones durante el movimiento.

La intervención también puede dirigirse a mejorar la utilización de la información sensorial durante actividades funcionales, como caminar, manipular objetos, vestirse o realizar tareas domésticas.

En definitiva, el objetivo no es únicamente que la persona perciba mejor un estímulo en una situación controlada, sino que pueda aprovechar esa información para desenvolverse con mayor seguridad y autonomía en su vida cotidiana.

Estrategias y entrenamiento de reeducación sensitiva

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Las técnicas utilizadas deben seleccionarse en función de las alteraciones detectadas durante la valoración. Algunas de las estrategias que pueden utilizarse dentro de un programa de reeducación sensitiva son las siguientes.

Estimulación táctil

El profesional puede utilizar diferentes estímulos para trabajar la capacidad de detectar y diferenciar sensaciones. Se pueden emplear materiales con diferentes texturas, formas, temperaturas o niveles de presión, siempre de manera controlada y adaptada a las capacidades de la persona.

La dificultad puede incrementarse progresivamente a medida que mejora la capacidad para detectar y diferenciar los estímulos.

Reconocimiento de texturas y objetos

Otra estrategia consiste en trabajar el reconocimiento de objetos mediante el tacto. Por ejemplo, se pueden presentar objetos cotidianos con diferentes formas, tamaños o materiales para que la persona intente identificarlos utilizando la información táctil. 

Cuando es necesario, estas actividades pueden realizarse inicialmente con apoyo visual y progresar hacia situaciones en las que la visión tenga un papel menor. Este tipo de trabajo permite relacionar la estimulación sensorial con situaciones funcionales.

Trabajo de la propiocepción

La propiocepción puede trabajarse mediante actividades en las que la persona tenga que percibir y controlar la posición de diferentes segmentos corporales.

El profesional puede plantear movimientos de las extremidades, ejercicios de apoyo, cambios de posición o actividades de coordinación adaptadas a las capacidades de cada paciente.

En personas con dificultades de equilibrio o movilidad, el trabajo propioceptivo puede integrarse con otras intervenciones de fisioterapia y terapia ocupacional.

Integración de la información sensorial en actividades funcionales

Una parte especialmente importante de la rehabilitación consiste en trasladar lo trabajado a actividades reales del día a día.

Manipular objetos, utilizar cubiertos, abrocharse una prenda, caminar por diferentes superficies o realizar determinadas tareas domésticas son ejemplos de actividades en las que la información sensorial desempeña un papel importante.

Por eso, la reeducación sensitiva no tiene por qué limitarse a ejercicios específicos de estimulación. La información sensorial puede entrenarse dentro de actividades funcionales, siempre que estas sean seguras y adecuadas para la persona.

El papel de la neurorrehabilitación en la recuperación sensitiva

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La recuperación de las alteraciones sensitivas puede requerir un abordaje multidisciplinar, especialmente cuando existen otras consecuencias derivadas del daño cerebral.

La fisioterapia neurológica puede intervenir sobre aspectos relacionados con el movimiento, la coordinación, el equilibrio y la utilización de la información sensorial durante las actividades motoras.

La terapia ocupacional puede ayudar a trabajar las dificultades sensitivas desde una perspectiva funcional, buscando que la persona pueda desenvolverse mejor en actividades de la vida diaria y planteando adaptaciones cuando sean necesarias.

Además, dependiendo de las características del daño cerebral, pueden intervenir otros profesionales de la neurorrehabilitación para abordar alteraciones cognitivas, del lenguaje, de la comunicación o de otras funciones.

En Neuraces, la neurorrehabilitación parte de una valoración individualizada para establecer los objetivos y las estrategias más adecuadas para cada persona. El tratamiento se adapta a la evolución del paciente y busca trabajar no solo las funciones alteradas, sino también su repercusión sobre la autonomía y la participación en las actividades cotidianas.